domingo, 26 de junio de 2016

Minimalismo extremo: ¿Te animarías a vivir con menos de 100 cosas?

¡Holus! Esta semana un amigo compartió en Facebook este video que hablaba brevemente de una tendencia que gana terreno entre los jóvenes orientales: el minimalismo extremo.


Tengo que decir que yo soy un poco desapegada naturalmente de los objetos, e intento a conciencia tener lo menos posible (obviamente que se me acumulan los papeles; por ejemplo, me sucede con los comprobantes de pago de los impuestos. Tengo una carpetita, pero no me sale archivar ordenadamente). Sin embargo, en caso de una mudanza de oficina por ejemplo -ya ha pasado- yo puedo mudar lo mío en un solo viaje mientras otros compañeros tienen cajones llenos de cables, cuadernos, apuntes, adornitos, etc. Yo, jamás. 
En fin. En este blog querido Tengo que Ordenar ya hemos visto los beneficios de deshacerse de los objetos que no usamos en nuestro bello post sobre Marie Kondo, y el minimalismo extremo está muy relacionado a esta idea. Deshacerse de los objetos innecesarios, vivir con lo que es indispensable, no acumular por supuesto. Recuerdo que mi hermano salía con una chica cuya familia era muy anti, bien pragmática, y cada vez que les encajaban un souvenir en alguna fiesta, lo tiraban a la basura ni bien llegaban a la casa. Parece medio crudo, pero me parece absolutamente sano (detesto el género ADORNITO). 
Es así que me puse a averiguar, no solo para hacer un post en Tengo que Ordenar sino para intentar aplicar algo de esto en mi propia vida, o al menos ir un paso más allá de lo que ya hago (que es muy poco comparado con la gente que está en esto, pero mucho comparado con el común de las personas que una conoce.)

Quitar mito
Una cosa que me gusta hacer muuuucho es "quitarle mito"  a todo objeto de consumo, como se puede leer en el encabezado. Siempre me molestó la gente que se bloquea cuando tiene hambre, por ejemplo, y no puede trabajar o estudiar si no come debido al malhumor. Esto me pareció siempre un símbolo de debilidad tremendo. Así, me parece que si le quitás a la comida -o a cualquier objeto de consumo- el poder de definir tu humor y tus límites, estás realizando un ejercicio de microlibertad, por decirlo de alguna manera. El minimalismo extremo tiene mucho de estas microbatallas contra la mistificación del consumo, la mistificación de la felicidad a través de la posesión, es decir que si a veces te planteás estas cosas es muy probable que esta "moda" te atraiga filosóficamente. No es nueva, claro, pero hoy en día, con unos pocos dispositivos mobile la mayoría de la gente puede vivir conectada igual que cualquiera. 

Una breve guía
Buscando en Internet me encontré con un ebook muy cortito de apenas 63 páginas que explica formas muy puntuales y claras -no por eso menos difíciles- de convertirse al minimalismo extremo. 
El libro se llama "El arte de ser minimalista. Como dejar de consumir y empezar a vivir" y es de Everett Bogue. Pueden verlo acá (yo me lo bajé al teléfono y lo leí en un par de horas). 

Lo que Bogue plantea es algo parecido a lo que dice Marie Kondo, es decir, hay que preguntarse objeto por objeto si realmente lo necesitamos. En el caso de Bogue no te pide que verifiques si el objeto "destila felicidad", simplemente que te preguntes por su utilidad. Sin embargo, Bogue sube la apuesta y pone un número de objetos por persona: 100 a 150. También hace foco en otras áreas de la vida, no solo la organización. De hecho, para él la buena organización es apenas una consecuencia de este cambio estructural de vida. Especialmente, Bogue insiste en la forma de trabajo, alentando a que todo el mundo "viva su sueño" y trabaje por su cuenta. Creo que lo que escribe está medio pensado para el primer mundo, pero muchas de sus observaciones e ideas son perfectamente aplicables a la realidad de nuestros países / situaciones laborales / condiciones sociales. Una foto del cuarto de Bogue no difiere mucho de mi cuarto, que siempre me gusta definir como la cucha de un perro. Me encanta que sea simple, sin nada de más y, a qué negarlo, CROTO. Igualmente eso va con cada personalidad. 



Por dónde empezar
Hace unos meses, tuve cambios en mi vida que no esperaba. Varias cosas de las que estaba segura me empezaron a hacer ruido y entonces decidí alejarme de eso que no me hacía sentir bien (una relación de varios años y un trabajo nuevito de apenas un año, por ejemplo). En medio de toda esa decisión, aposté fuerte a posibilidades bastante irreales que pueden ser pavadas, pero están saliendo de a poco. Todo ese TORMENTOR me llevó a tener la cabeza bastante cambiada por no decir cascoteada y entre otras cosas me hice vegana, me deshice de mi auto, voy al trabajo en bicicleta, trabajo a 15 minutos de mi casa, etc. 
Es en este contexto de confusión mental porque a pesar de que es un proceso 100% positivo, es eso, esperar cualquier cosa de la vida porque total todo se va a la mierda solo, que me planteo que me encantaría tener mi casa lo más vacía posible. Enfrentar la nada de las repisas, o que directamente no haya repisas. No tener la vista ni la mente ocupadas por objetos que de todas maneras no uso. 
Así, pensando en esto, voy a empezar a deshacerme de cosas por áreas. Biblioteca y cajones de la cocina son los primeros candidatos. Luego la ropa, y así. Creo que a partir de esta semana voy a empezar. Por supuesto, lo contaré en este espacio que hemos dado en llamar Tengo que Ordenar ♥
Si quieren decirme que les parece que estoy mal de la cabeza, por favor comenten jaja o háblenmeN en tuiti: @Maruxa___




miércoles, 8 de junio de 2016

Felicidad express: cómo ordenar el escritorio



Un pequeño lío en la mesa de trabajo, como también los papeles viejos, migas (!), etc., suman incomodidad y hasta pueden afectar nuestra productividad. Es mejor gritarse "¡Tengo que Ordenar!", y tomarse unos minutos para limpiar un poco, clarificar el panorama, ampliar el espacio.
¿Cómo empezar? Tratando de deshacerse de los mails que alguna vez imprimimos y ya no sirven, de las lapiceras que no funcionan, de atacar las pilas de cosas que no sabemos qué contienen, de guardar o tirar los cuadernos que están completos, y de archivar lo que deba estar archivado.
Me gusta tener la oficina lista para mudarme en cualquier momento, de hecho en mi último trabajo hubo un cambio de espacios y yo fui la que más rápido se mudó y la que menos cosas tuvo para tirar por tener este objetivo siempre presente. Recuerdo que mi jefe tenía cables por todos lados, cuadernos de empleados anteriores que nadie usaba y un montón de cosas más, que al mudarse llevaba consigo.
En este caso que ves en la foto -mi escritorio- fueron 2 minutos reloj incluyendo llevar el mate a la cocina y romper / tirar algunos papeles acumulados ;)
Si la mañana te dejó mucho lío, hacelo ya ♥




lunes, 6 de junio de 2016

Nutella Vegana: receta.



Hace muuuuucho que no escribo en este blog, mi querido Tengo que Ordenar, fundamentalmente por #VAGANSIA, aunque también es cierto que estoy intentando ordenar otros aspectos de mi vida que me consumen más energía. Mis jornadas de orden suelen ser días de semana a la noche, o 3 tardes consecutivas en las que voy ordenando y limpiando, para que todo se vuelva a "romper" con la primera comida que tenga. Pero bueno, rachas son rachas.
De todas formas, hoy vuelvo para compartirles una receta de la llamada "Nutella" vegana (sí: hace unos cuantos meses me hice vegana, ya contaré los details en otro post si pinta).
Lo que me sucedía con esta receta -de las que hay bastantes en Internet- es que casi todas te piden "melted chocolate", y los chocolates que consigo en Argentina no son veganos, salvo esta marca que es un toque cara y cuyos chocolates son bastante ricos como para ponerlos a derretirse y hacer Nutella.
Es así que siempre me salía mal, obviamente, porque los "natural oils" que en teoría tienen que salir con el calor, salen pero no son precisamente una tormenta de emulsiones. Así que ahí vamos, a ver qué les parece.

INGREDIENTES
Avellanas 150 g
Cacao Amargo 4 cucharaditas
Azúcar Mascabo 4 cucharadas
Agua tibia 3 cucharadas
Coco rallado (opcional)

PREPARACIÓN
Tostar un ratito en una sartén o en el horno idealmente, las avellanas. Yo las dejé unos 5 minutos, hasta que estaban muy calientes, e inmediatamente las pasé a un bowl donde le agregué el azúcar. Acto seguido, las procesé (queda algo intermedio entre una pasta y un polvillo). Hay que tener en cuenta que cuando más las pasemos por la procesadora, más se va a empastar.
Para darle el toque "emulsionante", disolví el cacao amargo en un poco de agua caliente y se lo agregué. Ahí adquiere una apariencia mucho más similar a la de la Nutella verdadera, aunque un poco más rústica (y, al gusto, mucho más suave, sin ese gusto a grasa que te deja la lengua picando), y volví a la procesadora un poquito más.

Al final le agregué un poquito de coco rallado pero sin ninguna intención formal.
Se me ocurre que si a esta pasta la dejás en el freezer 15 min se deben poder hacer ricas trufas o "brigadeiros", lo probaré en el futuro.
Espero que les salga rica como a mí si se deciden :)
¡Hasta la próxima!